sábado, 11 de febrero de 2012

Si vives con miedo, no vives

Comparto con vosotros fragmentos del libro “Lecciones de vida” de Elisabeth Kübler-Ross y David Kessler.

“La vida tiene muchas más cosas de las que nos permitimos experimentar. Muchas más cosas serían posibles si dejáramos de ser cautivos del miedo”

“Si sabemos abrirnos paso a través de nuestros miedos, si somos capaces de aprovechar todas las oportunidades posibles, podemos vivir la vida que tan sólo nos habíamos atrevido a soñar. Podemos vivir libres de juicio, sin temor a la censura de los demás, sin restricciones”

Nuestros miedos no evitan la muerte, frenan la vida

“El miedo es una sombra que lo obstruye todo: nuestro amor, nuestros verdaderos sentimientos, nuestra felicidad, nuestro ser mismo”

hay escasa correlación entre lo que tememos y lo que nos ocurre

“los miedos son engañosos porque van formando capas, una encima de la otra. Es posible ir quitándolas una a una hasta llegar al miedo del fondo, el fundamento en el que se apoyan todos los demás. Y ése suele ser el miedo a la muerte”

“si aprendemos a relajarnos frente a la muerte, podremos enfrentar todo lo demás con más facilidad”

“Los pacientes que están al borde de la muerte dicen que han descubierto una increíble felicidad al comprender que no hay nada que temer, nada que perder”

“Por desgracia, cuando el miedo ha desaparecido, solemos estar ya demasiado enfermos o viejos para hacer lo que habríamos hecho antes si no hubiéramos tenido miedo”

“De aquí deriva una clara lección: tenemos que superar nuestros miedos mientras aún podamos hacer aquello que soñamos. Sin embargo, para superar el miedo necesitamos cambiar emocionalmente: debemos mudarnos al amor

“Avanza un pequeño paso cada día haciendo alguna de las pequeñas cosas que temes hacer”

“Cuando dejamos atrás nuestros miedos, descubrimos una nueva vida.”

“La verdadera libertad consiste en hacer las cosas que más nos asustan. Atrévete y encontraras la vida, en lugar de perderla.

sábado, 28 de enero de 2012

Las cinco cosas de las que nos arrepentimos antes de morir


Comparto con vosotros un reportaje publicado en el diario www.abc.es

Me llama especialmente la atención el comentario de un lector:


"Yo he estado en la misma situación. Pasé de estar tumbado plácidamente en la cama a estar ingresado en un hospital donde le comunicaron a mi mujer que no pasaba de ese día. Y aquí estoy. Es verdad que te planteas muchas cosas en ese momento. En mi caso particular, he dejado de valorar las cosas materiales (casas, coches, ropas de marca) y valoro mucho más lo inmaterial pero hermoso como el amor, la amistad, los buenos momentos acompañados de los seres que te quieren y te aprecian. Quizás por lo repentino de la situación, he pasado más a la filosofía del "Carpe Diem" y sin quemar mi futuro (o el de mi familia) sí que intento vivir cuantas más experiencias mejor. Esa vez tuve mucha suerte y no solo sobreviví, sino que además lo hice sin secuelas aparentes. Quizás la próxima no tenga tanta suerte. Ya me da igual no tener un deportivo, o una casa en la playa - ni aspiro a ello - pero las vivencias que estoy teniendo se quedarán siempre conmigo y esas ya nadie me las quita. La lástima (o lo bueno) es estar a punto de morir para darse cuenta de lo que importa de verdad"
 
Muchas personas que han estado a punto de morir, ya sea por un accidente o por una grave enfermedad, suelen cambiar radicalmente su forma de vida una vez restablecidas. Aseguran que superar una situación cercana a la muerte equivale a nacer de nuevo y que no merece la pena vivir una vida que no les satisface.

Lejos de parecer un tópico, a la hora de hacer balance, una gran parte de la población mundial no está satisfecha con la vida que ha desarrollado. Según podemos leer en el blog de Javier Malonda, los motivos de esta insatisfacción, además, suelen ser casi siempre los mismos.

Esta bitácora recoge un artículo escrito por Bonnie Ware, una mujer que durante muchos años ha trabajado en una unidad de cuidados paliativos, atendiendo a enfermos terminales. Su trabajo, titulado “Regrets of the dying“, algo así como “Los lamentos de los moribundos”, recoge los cinco motivos más comunes de arrepentimiento de aquellos que están a punto de morir y que se ha encontrado a lo largo de su vida:

1.- Desearía haber tenido el coraje de vivir una vida fiel a mí mismo, no la vida que otros esperaban de mí
Se trata del lamento más habitual de todo, ya que al hacer balance de su vida muchas personas descubren que no han llegado a cumplir una mínima parte de sus sueños. En muchas ocasiones, esto se debe a que optaron por hacer lo que creían que debían hacer, en lugar de lo que realmente querían.

2.- Desearía no haber trabajado tan duro
Es el lamento más frecuente entre los pacientes de sexo masculino, que desearían haber pasado más tiempo junto a su familia viendo crecer a sus hijos, en lugar de en su puesto de trabajo.

3.- Desearía haber tenido el coraje para expresar mis sentimientos
Aquellos que reprimieron sus sentimientos para no enfrentarse a quienes los rodeaban se lamentan de haberse conformado con vivir una existencia mediocre y amargada, en la que no eran ellos mismos.

4.- Desearía haberme mantenido en contacto con mis amigos
Al igual que muchas personas se arrepienten de haber descuidado a sus familias, es muy frecuente lamentar no haber cuidado lo suficiente de aquellas amistades verdaderamente importantes. Lamentablemente, cuando se está muy cerca de la muerte es imposible recuperar el tiempo perdido.

5.- Desearía haberme permitido ser más feliz
Se trata de un reproche sorprendentemente común que se hacen aquellas personas que prefirieron engañarse a sí mismos y continuar con unas existencias en las que ya no eran felices, en lugar de enfrentarse a su miedo a cambiar de vida.

Para quien está en su lecho de muerte, hacer balance sin pensar en lo que los demás puedan pensar de él, puede resultar un ejercicio muy frustrante.

Para todos los que todavía están a tiempo de cambiar sus vidas, puede ser una buena forma de corregir lo necesario para, llegado el momento, morir satisfechos con su existencia.

lunes, 14 de noviembre de 2011

El cambio nos asusta


Comparto con vosotros fragmentos del libro Lecciones de vida de Elisabeth Kübler-Ross y David Kessler.

“El nacimiento parece ser el comienzo y la muerte el final, pero no lo son: sólo son puntos en un continuo“

“Todos experimentamos el tiempo de diferente manera porque el valor del tiempo depende de la percepción individual”

“El cambio nos asusta porque quizá no seamos capaces de controlarlo. Preferimos los cambios que hemos decidido hacer, ya que les encontramos sentido. Pero los cambios que nos sobrevienen nos resultan incómodos, nos hacen sentir como si la vida fuese en la dirección equivocada. Pero, nos guste o no, el cambio ocurre y, como la mayoría de las cosas en la vida, no es que nos ocurra a nosotros: simplemente ocurre”

“El cambio supone despedirse de una vieja situación conocida y enfrentarse a una situación nueva, desconocida. A veces no es lo viejo o lo nuevo lo que nos acobarda: es el tiempo que transcurre entre ambos”

“Ronnie Kaye, autora de Spinning Straw into Gold y dos veces superviviente de cáncer de mama, dice: “En la vida, siempre que una puerta se cierra, otra se abre... pero los pasillos son un tormento

“En la cultura occidental no le concedemos valor a la edad. No consideramos las arrugas como parte de la vida; son algo que hay que evitar, ocultar, eliminar. Sin embargo, por mucho que echemos de menos la energía y el vigor de la juventud, muchos no querríamos volver sobre los mismos pasos porque también recordamos intensamente la confusión de aquellos años”

Envejecer con gracia es experimentar plenamente cada día y cada estación. Cuando hemos vivido realmente nuestra vida, no queremos vivirla de nuevo. Es la vida que no hemos vivido la que lamentamos”

“Solemos despertarnos por la mañana y ducharnos para quitarnos el polvo del día anterior, pero seguimos llevando encima la carga emocional del ayer. No tiene por qué ser así. Podemos renovarnos cada día y partir de cero, podemos saludar el día frescos y limpios: basta con que centremos nuestra conciencia en el presente, que veamos la vida como realmente es”

“Cuando no vivimos en el momento, no nos vemos realmente unos a otros ni a nosotros mismos. Y, si no vivimos en el momento, no podemos encontrar la felicidad. No se trata de cerrar la puerta al pasado, sino de verlo como lo que fue y seguir adelante.”

“Por difícil que resulte aceptarlo, la realidad es que no morimos antes de tiempo. Cuando morimos, ésa es nuestra hora”

Nuestro desafío es experimentar plenamente el momento presente. Y es un gran desafío: saber que el instante presente contiene todas las posibilidades de felicidad y amor, y no desperdiciar estas posibilidades por esperar un futuro determinado”

sábado, 16 de julio de 2011

Cerrando puertas


Comparto con vosotros un mensaje de tendenciavital.ning.com basado en una reflexión de Paulo Coelho.

Hay que saber cuándo una etapa llega a su fin. Cuando insistimos en alargarla más de lo necesario, perdemos la alegría y el sentido de las otras etapas que tenemos que vivir.

Poner fin a un ciclo, cerrar puertas, concluir capítulos... no importa el nombre que le demos, lo importante es dejar en el pasado los momentos de la vida que ya terminaron. ¿Me han despedido del trabajo? ¿Ha terminado una relación? ¿Me he ido de casa de mis padres? ¿Me he ido a vivir a otro país? Esa amistad que tanto tiempo cultivé, ¿ha desaparecido sin más? Puedes pasar mucho tiempo preguntándote por qué ha sucedido algo así. Puedes decirte a ti mismo que no darás un paso más hasta entender por qué motivo esas cosas que eran tan importantes en tu vida se convirtieron de repente en polvo.

Pero una actitud así supondrá un desgaste inmenso para todos: tu país, tu cónyuge, tus amigos, tus hijos, tu hermano; todos ellos estarán cerrando ciclos, pasando página, mirando hacia delante, y todos sufrirán al verte paralizado.

RECUERDOS
Nadie puede estar al mismo tiempo en el presente y en el pasado, ni siquiera al intentar entender lo sucedido. El pasado no volverá: no podemos ser eternamente niños, adolescentes tardíos, hijos con sentimientos de culpa o de rencor hacia sus padres, amantes que reviven día y noche su relación con una persona que se fue para no volver. No podemos ser empleados de empresas inexistentes, ni tener vínculos con quien no quiere estar vinculado a nosotros. ¡Los hechos pasan y hay que dejarlos ir! Todo pasa, y lo mejor que podemos hacer es no volver a ello. Por eso es tan importante (¡por muy doloroso que sea!) destruir recuerdos, cambiar de casa, donar cosas a los orfanatos, vender o dar nuestros libros.

Todo en este mundo visible es una manifestación del mundo invisible, de lo que sucede en nuestro corazón. Deshacerse de ciertos recuerdos significa también dejar libre un espacio para que otras cosas ocupen su lugar. Dejar para siempre. Soltar. Desprenderse. Nadie en esta vida juega con cartas marcadas. Por ello, unas veces ganamos y otras, perdemos. No esperes que te devuelvan lo que has dado, no esperes que reconozcan tu esfuerzo, que descubran tu genio, que entiendan tu amor.

Deja de encender tu televisión emocional y ver siempre el mismo programa, en el que se muestra cómo has sufrido con determinada pérdida: eso no hace sino envenenarte. Nada hay más peligroso que las rupturas amorosas que no aceptamos, las promesas de empleo que no tienen fecha de inicio, las decisiones siempre pospuestas en espera del "momento ideal".

La vida está para adelante, nunca para atrás. Si andas por la vida dejando puertas abiertas "por si acaso", nunca podrás desprenderte ni vivir lo de hoy con satisfacción. ¿Noviazgos o amistades que no clausuran?, ¿Posibilidades de regresar? (¿a qué?), ¿Necesidad de aclaraciones?, ¿Palabras que no se dijeron?, ¿Silencios que lo invadieron? Si puedes enfrentarlos ya y ahora, hazlo, si no, déjalos ir, cierra capítulos. Dite a ti mismo que no, que no vuelven. Pero no por orgullo ni soberbia, sino, porque tú ya no encajas allí en ese lugar, en ese corazón, en esa habitación, en esa casa, en esa oficina, en ese oficio.

Tú ya no eres el mismo que fuiste hace dos días, hace tres meses, hace un año. Por lo tanto, no hay nada a qué volver. Cierra la puerta, da vuelta a la hoja, cierra el círculo. Ni tú serás el mismo, ni el entorno al que regresas será igual, porque en la vida nada se queda quieto, nada es estático. Es salud mental, amor por ti mismo, desprender lo que ya no está en tu vida.

DEJARLO IR
Antes de comenzar un nuevo capítulo hay que terminar el anterior: repítete a ti mismo que lo pasado no volverá jamás. Recuerda que hubo una época en que podías vivir sin aquello, sin aquella persona, que no hay nada insustituible, que un hábito no es una necesidad.

Puede parecer obvio, puede que sea difícil, pero es muy importante. Cerrar ciclos. No por orgullo, ni por incapacidad, ni por soberbia, sino porque, sencillamente, aquello ya no encaja en tu vida. Cierra la puerta, cambia el disco, limpia la casa, sacude el polvo.

Deja de ser quien eras, y transfórmate en el que eres...Esa es la vida...

sábado, 11 de junio de 2011

Una cosa es vivir solo, y otra, sentirse solo


Comparto con vosotros un reportaje publicado en el diario El País.

Lo dedico en especial a los que están viviendo solos y a aquellos que por distintos motivos les ha tocado vivir alguna etapa de su vida en solitario.

Me quedo con las frases:

... Una cosa es vivir solo, y otra, sentirse solo...

...La soledad buscada es un bien para el alma…

…El aislamiento es una noción física, la soledad es una experiencia emocional…

…Estar a solas, ese encuentro con nosotros mismos es una conveniencia más que un inconveniente…

…El instinto social de los humanos no se basa en el amor a la sociedad, sino en el miedo a la soledad…

…Nacer y morir son un ejercicio solitario al que nos pueden acompañar pero no resolver por nosotros. Somos principio y fin. Todo nace y acaba muriendo en nosotros mismos, o sea, en nuestra soledad interior…

…Nunca estamos solos. Nos rodea la vida…

…Nos sentimos solos cuando creemos que no deberíamos estarlo…

Al final, lo importante no es dónde, cuándo ni cómo, sino que no falte la capacidad de amar y ser amados. Lo contrario nos zambulle en la peor de las soledades

domingo, 22 de mayo de 2011

Mis primeros 50 años



El 26 de mayo de 2011 cumplo mis primeros 50 años.

Tengo el placer de compartir con vosotros una poesía del Premio Nobel de Literatura José Saramago.

¿Cuántos años tengo?


Frecuentemente me preguntan que cuántos años tengo.
¡Qué importa eso!
¡Tengo la edad que quiero y siento!
La edad en que puedo:
Gritar sin miedo lo que pienso,
y hacer lo que deseo, sin miedo al fracaso, o lo desconocido...
Tengo la experiencia de los años vividos
y la fuerza de la convicción de mis deseos.

¡Qué importa cuántos años tengo!
¡No quiero pensar en ello!
Unos dicen que ya soy viejo,
y otros que estoy en el apogeo.
Pero no es la edad que tengo, ni lo que la gente dice,
sino lo que mi corazón siente y mi cerebro dicte.

Tengo los años necesarios
para gritar lo que pienso,
para hacer lo que quiero,
para reconocer yerros viejos,
y rectificar caminos y atesorar éxitos.

Ahora no tienen por qué decir:
¡Estás muy joven, no lo lograrás!
¡Estas muy viejo, ya no podrás!
Tengo la edad en que las cosas se miran con más calma,
pero con el interés de seguir creciendo.

Tengo los años en que los sueños,
se empiezan a acariciar con los dedos,
y las ilusiones se convierten en esperanza.

Tengo los años en que el amor
a veces es una loca llamarada,
ansiosa de consumirse en el fuego de una pasión deseada.
Y otras es un remanso de paz, como el atardecer en la playa.

¿Qué cuantos años tengo?
No necesito con un número marcar,
pues mis anhelos alcanzados, mis triunfos obtenidos,
las lágrimas que por el camino derramé
al ver mis ilusiones truncadas,
¡Valen mucho más que eso!

¡Qué importa si cumplo veinte, cuarenta, o sesenta!
Pues lo que importa:
¡Es la edad que siento!

Tengo los años que necesito para vivir libre y sin miedos.
Para seguir sin temor por el sendero, pues llevo conmigo la experiencia adquirida
y la fuerza de mis anhelos.

¿Qué cuantos años tengo?
¡Eso a quien le importa!
Tengo los años necesarios para perder el miedo
y hacer lo que quiero y siento.

viernes, 15 de abril de 2011

No voy a discutir, no voy a convencer, no voy a aclarar

A esta altura de mi vida en la que estoy a punto de cumplir medio siglo quiero compartir con vosotros mi forma de pensar:

No voy a discutir.
Respeto las ideas del otro y no voy a imponer las mías.

No voy a convencer.
Prefiero actuar con claridad de conciencia y que mis actos reflejen mi vida interior.

No voy a aclarar.
Para el que me conoce de verdad, no es necesario justificar mis actos ya que comprende porqué lo hago. Para el que no me conoce, por más que le diga estaré condenado de antemano por sus prejuicios hacia mí.

Según el libro Lecciones de vida de Elisabeth Kübler-Ross y David Kessler:

“Nuestra felicidad no depende de que las relaciones cambien a mejor. La verdad es que no podemos cambiar a los demás, ni debemos.”

“Recuerda que de lo que se trata no es de decir al otro que está en un error y tiene que cambiar. Tampoco se trata de hacer mejor a la otra persona: siempre se trata de uno mismo. Cada uno crea su propio destino. Cada uno debe ver que lecciones hay en los problemas que le surgen.”

“Al concentrarnos en el otro nos olvidamos del verdadero trabajo que nos corresponde en la relación: nosotros mismos. No debemos vaciarnos de nosotros mismos por llenarnos del otro. La única persona que controlamos es la nuestra. Si trabajamos en nosotros, las circunstancias que vemos cambiarán por sí solas.”