Cuando me hablas de tus problemas, agobios y dificultades intento escucharte atentamente. Aunque no lo sepas, son el resultado de tus decisiones, unas conscientes y otras muchas, inconscientes.
Tu ego, que en el fondo también es el mío al estar todas las mentes unidas, se apoya en tus férreas creencias para que sigas su camino que te lleva al sufrimiento. O como mucho, al placer momentáneo, que en breve se evapora.
Insistes en adquirir el papel de víctima en tu trabajo, familia y relaciones. Cuando en realidad, en el fondo, eres tú el que has elegido el entorno y las circunstancias que vives.
Crees que no puedes hacer nada, que no tienes opciones, cuando ya elegiste, sin saberlo, el camino del ego que te lleva a enjuiciar y criticar. Piensas que lo que te ocurre viene de afuera y solo eres una pobre víctima de las circunstancias.
Es el mismo ego el que te impide mirar en tu interior donde está la respuesta, en el dial de la conciencia donde eliges uno de los dos caminos posibles: el del Amor o el del ego. Y es precisamente ahí donde radica tu única libertad, en el camino que eliges.
Una vez que emprendas el camino elegido te va a ser muy difícil renunciar a sus consecuencias. Por eso, cuando sin saberlo, eliges el camino del ego, como ocurre en la mayoría de las ocasiones, crees que solo te queda quejarte. Ignoras que, siempre que quieras, puedes volver a la casilla de salida, a la encrucijada de caminos y elegir de nuevo por el camino del Amor.
Sigo escuchando tu discurso quejoso y cansino que solo te lleva a hundirte más en el pozo sin fondo de la negatividad.
Podría intentar explicarte que hay otra forma de ver las cosas. Pero mucho me temo que tu ego me bloqueará, y hasta es posible que te provoquen rechazo mis reflexiones. El mismo que intentar explicarle a una persona del siglo XVI, cuando todavía no se había descubierto la electricidad, el funcionamiento de Internet como aldea global. Estoy seguro que su cara de asombro e incredulidad sería todo un poema.
Por eso, no pretendo convencerte con otra forma de ver la vida. Respeto tu estado de madurez interior, en el punto en el que te encuentras ya que todos hemos pasado por ahí.
Cuando llegue el día en que te hartes de sufrir, que no puedas más, a la fuerza te volverás más receptivo y solo entonces buscarás desesperadamente respuesta a tus preguntas vitales. Tomarás conciencia que tu esencia siempre ha estado dispuesta a acompañarte en el camino a la paz interior.
La pelota no rebota hasta que toca el suelo. Tu cambio interior llegará cuando estés preparado para ver la vida de otra manera, no antes.
Tu ego, que en el fondo también es el mío al estar todas las mentes unidas, se apoya en tus férreas creencias para que sigas su camino que te lleva al sufrimiento. O como mucho, al placer momentáneo, que en breve se evapora.
Insistes en adquirir el papel de víctima en tu trabajo, familia y relaciones. Cuando en realidad, en el fondo, eres tú el que has elegido el entorno y las circunstancias que vives.
Crees que no puedes hacer nada, que no tienes opciones, cuando ya elegiste, sin saberlo, el camino del ego que te lleva a enjuiciar y criticar. Piensas que lo que te ocurre viene de afuera y solo eres una pobre víctima de las circunstancias.
Es el mismo ego el que te impide mirar en tu interior donde está la respuesta, en el dial de la conciencia donde eliges uno de los dos caminos posibles: el del Amor o el del ego. Y es precisamente ahí donde radica tu única libertad, en el camino que eliges.
Una vez que emprendas el camino elegido te va a ser muy difícil renunciar a sus consecuencias. Por eso, cuando sin saberlo, eliges el camino del ego, como ocurre en la mayoría de las ocasiones, crees que solo te queda quejarte. Ignoras que, siempre que quieras, puedes volver a la casilla de salida, a la encrucijada de caminos y elegir de nuevo por el camino del Amor.
Sigo escuchando tu discurso quejoso y cansino que solo te lleva a hundirte más en el pozo sin fondo de la negatividad.
Podría intentar explicarte que hay otra forma de ver las cosas. Pero mucho me temo que tu ego me bloqueará, y hasta es posible que te provoquen rechazo mis reflexiones. El mismo que intentar explicarle a una persona del siglo XVI, cuando todavía no se había descubierto la electricidad, el funcionamiento de Internet como aldea global. Estoy seguro que su cara de asombro e incredulidad sería todo un poema.
Por eso, no pretendo convencerte con otra forma de ver la vida. Respeto tu estado de madurez interior, en el punto en el que te encuentras ya que todos hemos pasado por ahí.
Cuando llegue el día en que te hartes de sufrir, que no puedas más, a la fuerza te volverás más receptivo y solo entonces buscarás desesperadamente respuesta a tus preguntas vitales. Tomarás conciencia que tu esencia siempre ha estado dispuesta a acompañarte en el camino a la paz interior.
La pelota no rebota hasta que toca el suelo. Tu cambio interior llegará cuando estés preparado para ver la vida de otra manera, no antes.

No hay comentarios:
Publicar un comentario