No resulta fácil comprender que el otro, tal como lo percibo, no existe realmente. La imagen que veo de él no refleja lo que es en esencia, sino mi propia proyección interior.
El mundo exterior funciona como una gran pantalla donde proyecto mi mundo interno. Todo lo que percibo está filtrado por el ego. Por eso, en realidad, siempre me estoy viendo reflejado en lo que observo fuera.
Mis capas del ego distorsionan la percepción. Lo que interpreto como “realidad” es mi versión de lo que ocurre. De ahí que las relaciones con los demás sean una valiosa herramienta de autoconocimiento: las críticas más duras que dirijo hacia otros revelan aspectos de mí mismo que todavía necesito sanar o integrar.
Te propongo un ejercicio llamado “Hoja de proyección”, que puede ayudarte a conocerte mejor. Hazlo con sinceridad.
1. Toma papel y bolígrafo, siéntate en calma y realiza varias respiraciones profundas.
2. Piensa en dos personas: una que te genere rechazo (alguien que odies, envidies o critiques mucho) y otra a la que admires sinceramente.
3. Escribe primero lo que más te irrita de la persona que rechazas.
4. Después, anota las cualidades y virtudes que más valoras de la persona que admiras.
5. Date el tiempo necesario para hacerlo.
Ahora, analiza tus respuestas. Aquello que criticas en los demás suele estar conectado con partes tuyas que niegas, reprimes o no te permites expresar. Son heridas, miedos o necesidades no atendidas que piden ser reconocidas. Mis juicios se reflejan en el otro. Por ejemplo, si has dicho que: “Es autoritario”, pregúntate: “¿En qué momentos, o con qué personas, yo también actúo de forma autoritaria?”
Por otra parte, las cualidades que admiras reflejan tu propio potencial: son virtudes que ya existen en ti o que puedes desarrollar si te lo permites.
Esta idea se relaciona con lo que popularmente se denomina “Ley del espejo”, inspirada en los estudios de Carl Gustav Jung, médico y psiquiatra suizo, sobre la proyección psicológica. Aunque no es una ley formal formulada por Jung, se usa en el ámbito del desarrollo personal para expresar que nuestras relaciones actúan como espejos que reflejan tanto lo consciente como, sobre todo, lo inconsciente en nosotros.
Cuando experimento miedo, ira o desconfianza, estoy frente a mi propia culpa inconsciente. Cuando percibo Amor, es el Amor de mi Ser reflejado en el mundo.
En la medida en que afuera vea más Amor me indicará que he elegido el camino interior correcto al ir retirando paulatinamente los filtros del ego que impiden manifestarse a la Luz interior de mi Ser, que es puro Amor.
El mundo exterior funciona como una gran pantalla donde proyecto mi mundo interno. Todo lo que percibo está filtrado por el ego. Por eso, en realidad, siempre me estoy viendo reflejado en lo que observo fuera.
Mis capas del ego distorsionan la percepción. Lo que interpreto como “realidad” es mi versión de lo que ocurre. De ahí que las relaciones con los demás sean una valiosa herramienta de autoconocimiento: las críticas más duras que dirijo hacia otros revelan aspectos de mí mismo que todavía necesito sanar o integrar.
Te propongo un ejercicio llamado “Hoja de proyección”, que puede ayudarte a conocerte mejor. Hazlo con sinceridad.
1. Toma papel y bolígrafo, siéntate en calma y realiza varias respiraciones profundas.
2. Piensa en dos personas: una que te genere rechazo (alguien que odies, envidies o critiques mucho) y otra a la que admires sinceramente.
3. Escribe primero lo que más te irrita de la persona que rechazas.
4. Después, anota las cualidades y virtudes que más valoras de la persona que admiras.
5. Date el tiempo necesario para hacerlo.
Ahora, analiza tus respuestas. Aquello que criticas en los demás suele estar conectado con partes tuyas que niegas, reprimes o no te permites expresar. Son heridas, miedos o necesidades no atendidas que piden ser reconocidas. Mis juicios se reflejan en el otro. Por ejemplo, si has dicho que: “Es autoritario”, pregúntate: “¿En qué momentos, o con qué personas, yo también actúo de forma autoritaria?”
Por otra parte, las cualidades que admiras reflejan tu propio potencial: son virtudes que ya existen en ti o que puedes desarrollar si te lo permites.
Esta idea se relaciona con lo que popularmente se denomina “Ley del espejo”, inspirada en los estudios de Carl Gustav Jung, médico y psiquiatra suizo, sobre la proyección psicológica. Aunque no es una ley formal formulada por Jung, se usa en el ámbito del desarrollo personal para expresar que nuestras relaciones actúan como espejos que reflejan tanto lo consciente como, sobre todo, lo inconsciente en nosotros.
Cuando experimento miedo, ira o desconfianza, estoy frente a mi propia culpa inconsciente. Cuando percibo Amor, es el Amor de mi Ser reflejado en el mundo.
En la medida en que afuera vea más Amor me indicará que he elegido el camino interior correcto al ir retirando paulatinamente los filtros del ego que impiden manifestarse a la Luz interior de mi Ser, que es puro Amor.


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