Y lo más triste de todo esto es que el ego lo creamos nosotros dándole la función de guardián de la separación de la Fuente, de Dios, nuestro amado Padre. Separación que, en esencia, nunca ocurrió. El ego solo es una idea errónea que tendrá poder sobre nosotros si decidimos seguirlo.
Dejaremos de sufrir cuando elijamos cambiar de maestro: “A partir de ahora decido poner mi vida en manos de Jesús para que me guie por el camino del Amor”. Buen amigo Jesús, sé que siempre estás a mi lado. Contigo nada temo.

