jueves, 1 de enero de 2015
lunes, 10 de noviembre de 2014
Historias entre dos mundos
Mi amiga Pilar Doménech, médium y licenciada en Filosofía y Letras, pasó por una grave enfermedad que requirió un largo tratamiento y la obligó a permanecer reposando en su casa un par de años. Según la Wikipedia: Médium designa a una persona que se considera dotada de facultades paranormales de percepción extrasensorial, que le permitirían actuar de mediadora en la consecución de fenómenos parapsicológicos o comunicaciones con los espíritus.
Mientras reposaba en casa, sus guías espirituales
le permitieron canalizar 25 relatos de los espíritus de personas fallecidas y
los recopiló en su libro Breves historias entre dos mundos. Lo
presentó en septiembre de 2014 en Valencia (España).
Son impresionantes
testimonios de espíritus sufrientes que nos permiten conocer unas vidas que
podían haber sido las nuestras. Los consejos que nos dan al final de cada
capítulo nos pueden ayudar a reorientarnos hacia el amor.
Fragmentos del libro:
Un
científico eminente:
“Céntrate y no sufras, porque la mayor parte de tus
sufrimientos son innecesarios (…) Algunos dolores que nos proporciona la vida
son justas lecciones de aprendizaje, pero otros, la mayoría, proceden de
nuestra mente consciente que se cree y aferra al personaje que representamos en
la Rueda de la Vida. Y nuestra alma sabe que solo es eso, un personaje, pero
nuestra mente, temporal y concreta como nuestro cuerpo, cree fervientemente que
somos ese personaje, esa máscara que se mueve, llora y ríe, corre y baila, y de
ahí, su dolor”
“El egoísmo es uno de los más grandes errores de
los hombres y en eso yo me siento el campeón. La falta de compasión hacia los
demás es terrible y tan grave como un delito de sangre”
“Lo mejor y casi lo único que os puedo decir es que
analicéis vuestras vidas y que descubráis donde se esconde este terrible
compañero de viaje y así os podréis desembarazar de él y no os veréis en una
situación tan lamentable como la mía. Observaos, razonad, deducid y arrancar de
raíz todo brote de egoísmo perjudicial en vuestras vidas”
Una abogada
de prestigio:
“…por mucho que améis a una persona, es eso, una
persona, no podéis adueñaros de ella, ni de sus sentimientos, ni de sus
pensamientos. Eso es una forma de violencia, una manera de hacerlos objetos, de
degradarlos, una forma de intentar quitarles el alma. Eso es lo que he hecho yo
y por eso estoy aquí. Que mi experiencia os sirva para no cometer el mismo
error”
Una suicida
tras tirarse del campanario y morir:
“Doy con mi cuerpo en el suelo de la plaza. Creo
que me he muerto pero no puede ser porque continúo pensando y nada me duele (…)
Una fuerza invisible me sujeta y me retiene en la plaza, a pocos metros de un
cuerpo que reconozco como el mío porque va vestida como yo, pero como está
destrozado aparto de mi mente ese reconocimiento. No soy yo. No puedo ser yo.
Yo hablo y pienso. Si fuera yo, me dolería, no podría hablar, ni pensar (…)
Llega mi madre. Me ve, bueno, mira ese cuerpo y se desmaya”
La
recapitulación de un planificador familiar:
“Ahora, aquí, estoy aprendiendo a ser consciente de
mis fallos, a ver con calma y desde todas las perspectivas cuáles han sido mis
fallos. El proceso es doloroso y no he podido hacerlo todo de una vez (…) No me
atrevo a preguntar qué va a ser de mí o cómo han pensado que repare mis faltas
(…) Sólo espero poder terminarlo del todo y a fondo, con todas sus
consecuencias para que nunca, nunca más se me pueda olvidar y no vuelva a
dominar a la gente según mi criterio y mi antojo”
La cartita
de un bebe que ha fallecido a su madre:
“Querida mamá:
Estoy muy bien. No he sufrido nada. Ahora tampoco
me duele nada. Quiero que sepas que te veo cuando lloras y yo también lloro.
Pero no quiero que llores porque cuando tú lloras me pongo mal. Estoy bien y
siempre cerquita de ti. Quiero verte reír y que me hagas feliz con tus risas y
tus canciones. Pronto nos vamos a ver. No sufras, mamá. Siempre estaremos
juntos, pero ahora has de dejar de sufrir porque no sirve de nada y solo
padecemos los dos.
Hasta pronto, mamaíta querida”
La sorpresa
de un santón:
“Cuando me sobrevino la muerte yo esperaba que el
propio Dios o, al menos, sus más preclaros arcángeles me elevaran al cielo, me
llevaran en presencia de Dios y me sentaran a su derecha más inmediata. Y claro
está, nada de esto sucedió. Más bien al contrario, apareció una nube de
descarriados que ululaban y se burlaban de mí”
“Y ahora que estoy en el otro lado de la vida y que
también repaso mis primeros momentos de sorpresa y sufrimiento, comprendo un
poco mejor la lección del perdón y sobre todo de amor que he recibido”
“Que el amor guíe vuestra conducta, es lo mejor que
puedo desearos”
El tormento
de un minero:
“No os equivoquéis como yo lo he hecho, las
reparaciones pueden ser largas y laboriosas. No son inmediatas la mayor parte
de las veces. Dejarnos cegar por el odio, el rencor y la violencia solo conduce
a sufrir el odio, el rencor y la violencia y siempre, siempre hay víctimas a
las cuales habremos de acoger, ayudar o consolar”
Una niña y
su adorado perro:
“Solo os puedo decir que obedezcáis a vuestros
padres y que no os escapéis a escondidas, que siempre sepan dónde estáis y con
quién y así no os sucederá como a mí”
Una mujer
abandonada:
“Aprended de mi mala vida y no hagáis lo mismo que
yo. El sufrimiento en el que he vivido no tiene parangón con ninguna felicidad
terrena. No merece la pena hacer el mal. No hay nada que te lo compense, ni
lugar en el espacio donde poder ocultarte y ser feliz. Solo el obrar bien conduce
a la felicidad”
Si queréis conseguir el libro pedídselo por email a
Pilar a su correo pidote@gmail.com
viernes, 24 de octubre de 2014
Todo en la vida tiene un para qué
Comparto fragmentos de la conferencia “La BioNeuroEmoción
en la Educación” del psicólogo Enric Corbera en un Instituto de Educación
Secundaria de Manises (Valencia - España):
El Universo, que es inteligente y de un amor que no
podemos ni tan siquiera calcular, tiene reservado lo mejor para cada uno de
nosotros. Todo en la vida tiene un para
qué. Todo tiene un sentido. En el Universo no hay nada que sea por
casualidad.
Creo firmemente en la juventud. Y creo firmemente
en que la juventud tiene que aprender a gestionar sus emociones y dejar de
vivir en un paradigma de: que mala suerte, el victimismo, ¿qué he hecho yo para
merecerme esto?
Parafraseando a Einstein: realmente lo único que
deberían de hacer los educadores con vosotros es que salieseis de las aulas con
muchas ganas de aprender y sobre todo tenéis que desaprender. Una frase de
Einstein dice: “La educación es lo que queda después de olvidar lo que se ha aprendido
en la escuela”.
Vivimos en una época donde se nos encuadra, donde
se nos obliga a hacer toda una serie de cosas. Donde se nos evalúa. Y se olvidan de hacer algo muy importante:
formar personas libres de mente y de pensamiento.
La visión holística que estoy proponiendo es
realmente entender que todos estamos unidos. Vivimos en un mundo dual. En un
mundo de proyección. En un mundo que creemos que estamos separados los unos de
los otros… Pero hay algo que nos mantiene a todos unidos y es la mente.
Un concepto holístico es precisamente saber que, donde tú estás es que debes de estar y
además no lo puedes evitar.
La BioNeuroEmoción
es un método de consulta. No cura a
nadie. Pero sí que ayuda al cliente o consultante a encontrar estos programas
que tiene en su inconsciente y que le hacen repetir la vida. Hay toda una serie
de programas inconscientes que proyectamos en nuestra vida. Me gustaría haceros
entender que seriamos como una cámara proyectando nuestros programas
inconscientes y atrayendo a nuestra vida aquello que estamos proyectándonos.
Todos somos emisores y receptores. Todos estamos
emitiendo una forma de pensar y recibimos esta forma que nosotros emitimos.
Dicho de otra manera: tenemos los oyentes que nos merecemos tener. Por eso, todas las circunstancias que me rodean,
todas: mis amigos, el profesor que tengo, etc. tienen que ver conmigo. Están
allí para que yo sepa como estoy pensando.
¿Qué debo de
aprender? ¿Para qué esto viene a mí? Esta es la gran pregunta que uno se tiene
que hacer.
La visión cuántica es entender que yo me estoy
proyectando constantemente en el Universo.
Solamente un 3% de nuestra mente es consciente y el
97% es inconsciente. Por lo tanto, os puedo decir que, como mínimo, el 97% de todas las decisiones que tomáis en
vuestra vida son inconscientes. Y yo estoy aquí para explicaros que ese %
aumente un poquito más y seamos más conscientes.
No permitáis
que nadie os diga lo que tenéis que hacer. No lo permitáis. Y si no lo
hacéis, y os hacen sentir culpables con la frase famosa de: “lo hago por tu
bien”, no lo hacen por vuestro bien, lo hacen por el bien de ellos. Entonces,
os van a llamar muchas veces egoístas porque no estáis haciendo aquello que los
demás les gustaría que hicierais. Van a cambiar vuestros amigos, vuestras
amigas, vuestras circunstancias. Vais a renovar el armario.
Una forma de saber cuáles son nuestros programas…
¿Queréis que os lo diga? Es muy fácil: ¿Qué es lo que me gusta de aquel? y ¿Qué
es lo que me disgusta de aquel? Porque lo
que te gusta de aquel o te disgusta de aquel, no está en aquel, está en ti.
El mundo que vemos siempre es el mundo que
proyectamos, nunca el mundo que realmente es. Siempre tenemos delante a nuestro
espejo. Aquello que señalamos en los
demás deberíamos de corregirlo nosotros.
Una buena forma de sanarse y de convertirse en un
adulto emocional es que cuando habléis de vuestros problemas y habléis de
vuestras circunstancias nunca habléis de los demás. Probarlo, requiere cierto
hábito.
Por ejemplo, si a ti te molesta mucho que te
mientan, y personas que me dicen “no soporto la mentira y siempre me están
mintiendo” es que el espejo te está diciendo que tú te estás mintiendo a ti
mismo y la pregunta que deberías de hacerte es: ¿en qué me estoy mintiendo? Y
la respuesta es: ¿Cuántas veces dices si, y piensas no? ¿Cuántas veces vas, y
no quieres ir? ¿Cuántas veces haces, y no quieres hacer?... y el inconsciente no juzga, el inconsciente
es amor y te da aquello que tú vives.
El efecto espejo: la victima siempre encontrará al victimario.
Lo que te molesta del otro son tus creencias ocultas y que reprimes. Toda tu vida es una imagen especular de ti
mismo.
Es realmente espeluznante darte cuenta que, ni tan
siquiera aquella elección que tú estabas tan encantado de la vida, realmente
fue una elección libre y no de tus programas… que luego llamamos vocación… que
justificamos.
El experimento de la doble ranura de la física
cuántica nos demuestra que en la forma de observar a nuestros semejantes
estamos influyendo en cómo ellos interactuaran con nosotros. Si no te gusta tu
profesor, puedes hacer dos cosas o pensar que es un inútil, que es un desgraciado,
qué mala suerte de tener ese profesor!!!… O ¿Cómo estoy yo viendo a mi
profesor? ¿Qué es lo que no me gusta de él? ¿Qué es lo que me proyecta en mí
que yo debo de aprender y me resisto a aprender?
Si partimos del campo cuántico que yo estoy donde
debo de estar y delante tengo quien tiene que estar, siempre es para mi mayor
bien y muchas veces me va a doler. Porque una de las cosas de las que
adolecemos el ser humano es la indolencia. No
queremos cambiar. Creemos que tenemos razón.
Si queréis cambiar vuestro mundo tendréis que
observarlo de otra manera. Y una forma de observarlo es: no hagáis nunca un juicio.
Es imposible
que nada de lo que nos ocurra no lo hayamos pedido nosotros. El problema es
que no soy consciente y nuestro trabajo precisamente es hacer consciente el
inconsciente para que no se convierta en lo que yo voy a llamar: mi destino.
Estamos proponiendo un cambio radical de la forma de pensar, de hacer y de
sentir.
A los
padres:
Vosotros sois los primeros educadores. Vuestros
sentimientos, emociones, vuestras conductas, vuestras creencias programan a vuestros hijos. Sois la cuna donde
se gestiona el futuro de vuestros hijos. Nuestros hijos desde que están en el
vientre materno hasta los 6 años están hipnotizados. Todo lo que vivan los
padres, todos los conflictos emocionales de su entorno se quedan grabados y los
van a vivir. Es más, pueden repetir pautas y conductas clavaditas a sus padres
porque están hipnotizados. Padres, y a
los que vais a ser padres, conciencia, mucha conciencia.
A los
educadores:
Según Einstein: “Una cosa que deberíamos evitar es
la uniformidad de pensamiento. Para hacer individuos válidos se les debe
enseñar a sentir intensamente aquello a lo que pueden aspirar. Hay que enseñar
a que desarrollen el espíritu crítico e independiente. La enseñanza debe ser
tal que pueda recibirse como el mejor regalo y no como una amarga obligación. El verdadero arte del maestro es despertar
la alegría por el trabajo y por el conocimiento. Muchas y grandes son las
aulas más no abundan los jóvenes con auténtica sed de la verdad y de la
justicia”.
A los
alumnos:
El amor y respeto a vuestros maestros es el mejor
regalo que os podéis hacer. Sencillamente porque ellos lo recibirán en su
inconsciente y lo proyectarán en vuestras vidas (eso es física cuántica). No permitáis que nadie os robe vuestros
sueños. Si soñáis libremente en alcanzar una cumbre, el Universo os pondrá
las condiciones y todo lo que necesitéis para lograrlo. Y nunca olvidéis que todo
llega a su debido tiempo. Sed pacientes, sed constantes, sed curiosos,
cuestionad las verdades que os enseñan para encontrar otras verdades
superiores. Sed rebeldes, pero con un gran respeto a todos los que os rodean
pues ellos son el espejo para que podáis expresaros.
Nunca entendí al mundo… tengo 60 años y sigo sin
entenderlo.
Cuando veo en el mundo tanto dolor y tanto sufrimiento
y me estoy dando cuenta de que todo ese dolor y sufrimiento el hacedor es uno
mismo, solamente puedo ir por el mundo explicándoles, para aquel que me quiera
escuchar, que realmente si queréis ser
libres no busquéis en ningún lugar, buscad siempre en vuestros corazones.
sábado, 19 de julio de 2014
Cuestionar nuestro Sistema de Creencias
Comparto con vosotros fragmentos del reportaje de Borja Vilaseca publicado en El País Semanal:
La gran
mayoría estamos convencidos de que nuestra forma de ver la vida es la forma de
ver la vida. Y que quienes ven las cosas diferentes que nosotros están
equivocados. De hecho, tenemos tendencia a rodearnos de personas que piensan
exactamente como nosotros, considerando que estas son las únicas “cuerdas y
sensatas”.
Desde el día en que nacimos, nuestra mente ha sido condicionada para pensar y comportarnos de
acuerdo con las opiniones, valores y aspiraciones de nuestro entorno social y
familiar.
En función del país y del barrio en el que hayamos
sido educados, ahora mismo nos identificamos con una cultura, una religión, una
política, una profesión y una moda determinadas, igual que el resto de nuestros
vecinos.
¿Por qué no cuestionamos nuestra forma de pensar?
¿Y qué consecuencias tiene este hecho sobre nuestra existencia?
La
ignorancia es el germen de la infelicidad. Y ésta, la raíz desde la que
florecen el resto de nuestros conflictos y perturbaciones.
Las personas
queremos ser felices, pero en general no tenemos ni idea de cómo lograrlo.
Y dado que la mentira más común es la que nos contamos a nosotros mismos, en
vez de cuestionar nuestro sistema de
creencias e iniciar un proceso de
cambio personal, la mayoría nos quedamos anclados en el victimismo, la
indignación, la impotencia o la resignación.
Demasiada gente nos ha estado confundiendo durante
demasiados años, presionándonos y convenciéndonos para que hagamos cosas que no
nos conviene hacer para tener cosas que no necesitamos tener.
Si nuestra
vida carece de sentido, reconozcámoslo. No nos engañemos más. Si nos
sentimos vacíos, asumámoslo. Dejemos de mirar hacia otro lado. El autoengaño es
un déficit de honestidad. Esta cualidad nos permite reconocer que nuestra vida
está hecha un lío porque nosotros nos sentimos así en la vida. A menos que
admitamos que tenemos un problema, nos será imposible solucionarlo.
La
honestidad puede resultar muy dolorosa al principio. Pero a medio plazo es
muy liberadora. Nos permite afrontar la verdad acerca de quiénes somos y de
cómo nos relacionamos con nuestro mundo interior. Así es como iniciamos el
camino que nos conduce hacia nuestro bienestar emocional.
Cultivar esta virtud provoca una serie de efectos
terapéuticos. En primer lugar, disminuye el miedo a conocernos y afrontar
nuestro lado oscuro. También nos incapacita para seguir llevando una máscara con
la que agradar a los demás y ser aceptados por nuestro entorno social y
laboral.
A su vez, esta cualidad nos impide seguir ocultando
debajo de la alfombra nuestros conflictos emocionales. Así, nos da fortaleza
para cuestionarnos, identificando la falsedad y las mentiras que pueden estar
formando parte de nuestra vida.
De pronto perdemos el interés en justificarnos cada
vez que alguien señala alguno de nuestros defectos. Y aumenta nuestra
motivación para desarrollar nuestro potencial como seres humanos. En la medida que la honestidad se va
integrando en nuestro ser, sentimos frecuentes episodios de alivio por no tener
que fingir ser quien no somos.
A pesar del sufrimiento y del conflicto que vamos
cosechando, en ocasiones nos cuesta
mucho considerar que estamos equivocados. ¿Quién lo está? Así, solemos
utilizar una serie de mecanismos de defensa para mantenernos en nuestra zona de
comodidad. Entre estos destaca la arrogancia de creer que no tenemos nada que
cuestionarnos, ni mucho menos algo que aprender. Así es como evitamos remover
el sistema de creencias con el que hemos fabricado nuestro falso concepto de
identidad.
Y lo mismo hacemos con la soberbia, que nos lleva a sentirnos superiores cada vez que nos
comparamos con alguien, poniendo de manifiesto nuestro complejo de
inferioridad. De ahí surge la prepotencia, con la que tratamos de demostrar
que siempre tenemos la razón.
También empleamos la vanidad, haciendo ostentación
de nuestros méritos, virtudes y logros.
Eso sí, el
gran generador de conflictos con otras personas se llama orgullo.
Principalmente porque nos incapacita para reconocer y enmendar nuestros propios
errores. Y pone de manifiesto una carencia de humildad.
La humildad
está relacionada con la aceptación de nuestros defectos, debilidades y
limitaciones. Nos predispone a cuestionar aquello que hasta ahora habíamos
dado por cierto. En el caso de que además seamos vanidosos o prepotentes, nos
inspira simplemente a mantener la boca cerrada. Y solo hablar de nuestros
éxitos en caso de que nos pregunten. Llegado el momento, nos invita a ser
breves y no regodearnos.
La paradoja
de la humildad es que cuando se manifiesta, se corrompe y desaparece. La
coletilla “en mi humilde opinión” no es más que nuestro orgullo disfrazado. La
verdadera práctica de esta virtud no se predica, se practica. En caso de
existir, son los demás quienes la ven, nunca uno mismo.
Ser sencillo es el resultado de conocer nuestra
verdadera esencia, más allá de nuestro ego. Y es que solo cuando accedemos al núcleo de nuestro ser sabemos que no somos lo
que pensamos, decimos o hacemos. Ni tampoco lo que tenemos o conseguimos.
Ésta es la razón por la que las personas humildes, en tanto que sabios, pasan
desapercibidas.
En la medida
que cultivamos la modestia, nos es cada vez más fácil aprender de las
equivocaciones que cometemos, comprendiendo que los errores son necesarios para
seguir creciendo y evolucionando. De pronto ya no sentimos la necesidad de
discutir, imponer nuestra opinión o tener la razón. Gracias a esta cualidad,
cada vez gozamos de mayor predisposición para escuchar nuevos puntos de vista,
incluso cuando se oponen a nuestras creencias. En paralelo, sentimos más
curiosidad por explorar formas alternativas de entender la vida que ni siquiera
sabíamos que existían. Y cuanto más indagamos, mayor es el reconocimiento de
nuestra ignorancia, vislumbrando claramente el camino hacia la sabiduría.
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