domingo, 19 de enero de 2014

Somos adictos a tener razón

Comparto con vosotros fragmentos de un reportaje publicado en el diario El País.

La mayoría de nosotros creemos que podemos cambiar lo que los demás piensan; de otro modo, no pasaríamos tanto tiempo en la vida dándole vueltas a ‘qué opinan los demás de nosotros’ y tratando de mejorar su juicio sobre nuestra persona. Eleanor Roosevelt dijo: ‘Nadie puede hacer que te sientas inferior si tú no lo permites’.”

“Querer tener razón es la enfermedad crónica de la humanidad, seguramente una de las causas que han enfrentado más a las personas, las naciones y las religiones organizadas del planeta”

En demasiadas ocasiones comprobamos cómo querer imponer nuestras razones y opiniones a los demás nos cuesta caro. Tal vez logremos desautorizar las ideas de alguien, pero al final acabamos con una razón más y un amigo menos. ¿Vale la pena? Seguramente no. El resultado es que querer estar siempre en posesión de la verdad consume una gran cantidad de energía y tiempo que nos impide disfrutar de los demás y de la paz mental de saber que en el fondo todos tenemos nuestra propia lógica.

¿Es mejor tener razón a toda costa antes que ser feliz? Que cada uno responda esta pregunta con sinceridad”

“Con el tiempo acumulamos opiniones, creencias, que pasan a conformar lo que llamamos identidad construida o ego. Si alguien agrede esas posesiones mentales, en realidad es como si lanzara un ataque personal, porque confundimos pensamiento e identidad. No parece sensato confundir lo que somos con lo que pensamos, pero esto no lo tienen tan claro quienes se aferran a sus creencias con desesperación.

Tener opiniones es normal, también tener gustos y preferencias… pero que esas ideas y predilecciones le tengan a uno cautivo o secuestrado es una trampa

“La pregunta ¿somos nuestras creencias? se responde con un rotundo no. Desde luego, tenemos convicciones, pero en esencia no somos lo que pensamos; a un nivel profundo y esencial, nuestras opiniones no pueden definirnos. Pero llegar a esta claridad no es sencillo ni rápido. De hecho, los conflictos del mundo son tanto disputas por pertenencias materiales (cosas) como por posesiones inmateriales (ideales). Cuando entendemos que tenemos una mente y la usamos, pero que no somos esta, nos liberamos de su contenido y nos autoexcluimos de cualquier conflicto y, por tanto, sufrimiento.

Todos mantenemos un diálogo interior que reafirma continuamente lo que creemos, y después nos pasamos la vida buscando personas y situaciones en las que encajen nuestras creencias para poder así reafirmarlas”

Cuando una creencia nos domina, llegamos a pensar que todo el mundo piensa, o debería pensar, lo mismo. Pero hay opiniones para todos los gustos, la diversidad construye el mundo”

“¿Pero cómo liberarse del apego a las creencias? No es el apego el problema real, sino la identificación. Pelear contra una creencia o un hábito no tiene sentido, es una lucha perdida. En cambio, dejar de identificarse con esa forma de pensar, cuestionarla, examinarla, soltarla, incluso sacrificarla, es el principio de la libertad o de cómo librarse de esta particular tiranía.

No reaccionar con hostilidad a las ideas de los demás es una de las maneras más sencillas de superar el apego a las propias. Pero solo se puede no reaccionar a sus creencias si se entiende que estas no son su identidad, sino una posesión mental, que además siempre se puede cambiar por otra. Una vez más, todos tenemos opiniones y criterios, pero eso no significa que sean lo que somos. Cuando lo comprendemos, la distancia entre las personas es exactamente… cero.

Aceptar las ideas de otros es en realidad más sencillo de lo que parece. Basta con tener presente que aceptarlas no significa adoptarlas o validarlas (no significa estar de acuerdo). Es más bien aceptar que no entendemos a todo el mundo, ni que todo el mundo nos entenderá. Es más sencillo aceptarlos a ellos (aunque tal vez no sus ideas) porque no hacerlo complica la vida de todos. Resistirse, negarlos, es luchar, y vivir así es verdaderamente muy, muy difícil.

El disgusto que sentimos ante las ideas que no nos son afines es proporcional al grado de apego que tenemos a las propias (o la poca disponibilidad para cambiarlas por otras). Cuanto más apego tenemos a una creencia, más disgusto sentiremos cuando nos enfrentemos a las contrarias. Es fácil deducir que no es la idea del otro lo que nos causa molestia, sino nuestro rechazo a aceptar puntos de vista diferentes. No es su creencia el problema, sino nuestra posición contraria a ella.”

Disponemos de una técnica para aceptar comportamiento y creencias ajenas, y se llama asertividad. Consiste en no reaccionar al pensamiento o comportamiento de los demás de forma vehemente, pero sí con autorrespeto y autoestima. Es decir, no adoptando una actitud defensiva o agresiva (ambas son el mismo error), sino reafirmando y expresando la posición personal sin tratar de imponerla al otro

Y una palabra final: escuche. Escuchar con interés a las personas, aunque lo que digan esté en contra de la propia opinión, es la prueba máxima de la empatía, el respeto y la aceptación, claves todas ellas para la paz en el mundo. Escuchar a los demás les hace sentir valorados, entendidos, importantes.”
 

lunes, 23 de diciembre de 2013

Os deseo lo mejor para 2014


Un 2014 en el que se presentarán nuevas situaciones y retos que nos ayudarán a crecer interiormente.

Un 2014 que nos brindará oportunidades de actuar con claridad de conciencia.

Un 2014 en el que podremos abrir nuestro corazón a los más desfavorecidos, sintiendo que todos somos hermanos.

2014, un tiempo nuevo para buscar el sentido de nuestras vidas en el Ser y no en el tener.
 
Que la Luz ilumine vuestro camino hacia el Amor.

sábado, 21 de diciembre de 2013

Puede cambiarse todo


Comparto con vosotros fragmentos del libro “Creatividad y plenitud de vida” del psicólogo transpersonal Antonio Blay Fontcuberta. 

Si mantengo la idea de armonía, de comprensión, de amor… y lo hago no durante un rato, sino continuamente, lo convierto en la dominante mental mía, esto no sólo me transformará a mí, mejorándome según esta nota, sino que además producirá en el exterior unos cambios que harán que vengan a mí las personas que responden a esta nota dominante de armonía, de comprensión, de amor, y que las personas que me rodean sientan esta nota dominante e interiormente se encuentren motivadas de un modo distinto a como lo estaban hasta ahora.

Y así se irán produciendo cambios en ellas. Pero tales cambios no se producirán porque yo quiera imponer una actitud a las personas con quienes vivo, que esto sería negativo, sino porque la nota dominante convierte, atrae, modifica todo el resto de acuerdo con ella”

“Cuando yo estoy teniendo miedo en mi interior, cuando, por la causa que sea, mantengo este temor dentro de mí, esto tiende a producir los efectos correspondientes: accidentes, fracasos, lo que sea que esté temiendo con fuerza y constantemente en el fondo de mi mente”

“La actitud interior sostenida es lo que determina, inevitablemente, el modo de funcionar de las cosas que nos atañen. Somos nosotros quienes hacemos marchar bien o mal nuestras cosas por la actitud que, consciente o inconscientemente, mantenemos en nuestra mente”

“Así, pues, tanto si nos damos cuenta como si no, tenemos una gran responsabilidad con lo que nosotros estamos creando dentro de nuestra mente. Porque estamos creando nuestro futuro próximo, estamos decidiendo cómo marcharán las cosas”

“Es sabido que a veces una persona empieza a andar mal, y que entonces todo parece ponerse de acuerdo para ir mal: los negocios, la salud, la familia. Se cumple aquello de que ‘las desgracias nunca vienen solas’. Este refrán puede ser también la expresión de un principio: algo en la persona está negativo, y esto tiende a manifestarse externamente”

Puede cambiarse todo. Es más, por el hecho que la persona interiormente cambie y mantenga este cambio interior, exteriormente las cosas le cambiarán, de acuerdo con el cambio interior.

El cambio no es instantáneo, sino progresivo, porque estamos viviendo a remolque, como consecuencia de lo que hemos estado generando hasta ahora, y, por lo tanto, para producir un cambio regular estable, es preciso mantener un tiempo la nota positiva, aun cuando las cosas sigan yendo mal, o como antes. 

En ocasiones, cuando se trabaja de un modo intenso y deliberado, los cambios se producen en muy pocos días o semanas de trabajo”

viernes, 6 de diciembre de 2013

Hasta siempre Nelson

Nelson, ya has regresado a casa, a tu verdadero hogar. Agradecemos de corazón tus grandes lecciones de voluntad, sabiduría y amor con las que cambiaste un país sumido en el odio y la opresión. Hacen falta personas como tú que nos ayuden a comprender que todos somos hermanos, todos somos uno, y tenemos un precioso proyecto común como humanidad. Estoy seguro que te habrán recibido con los brazos abiertos aquellos que ya dieron el paso. Te lloramos al igual que lo hacemos con un buen amigo que se va una larga temporada, pero con la esperanza que algún día nos volveremos a encontrar en planos más sutiles. Que la Luz te acompañe en el camino hacia el Amor.

sábado, 30 de noviembre de 2013

Sonríe y sé consciente



Comparto con vosotros fragmentos del libro “Los cinco mandamientos para tener una vida plena” de Bronnie Ware. 

Puedes elegir cambiar tu vida, ser valiente y vivir una existencia acorde con lo que dicta tu corazón, una vida de la que no te arrepentirás”

“Si somos capaces de afrontar lo inevitable de nuestra muerte y la aceptamos de corazón antes de que nos llegue la hora, podremos replantearnos nuestras prioridades mucho antes de que sea demasiado tarde. Y eso nos permitirá dedicar nuestras energías a lo que de verdad tiene valor.

En cuanto asumamos que el tiempo que nos queda es finito, aunque no sepamos si serán años, semanas u horas, seremos menos proclives a dejarnos llevar por el ego o por lo que los demás piensen de nosotros y prestaremos más atención a lo que nuestros corazones anhelan realmente”

“Ser amable con los demás y dejar de lado los prejuicios te ayuda a cuidarte y a plantar mejores semillas. Perdónate por culpar a los demás de tu infelicidad. Aprende a tratarte con cariño, a aceptar tu humanidad y tu fragilidad. Perdona a quienes te han culpado de su infelicidad. Todos somos humanos, todos hemos dicho y hecho cosas que ahora diríamos o haríamos de una manera más bondadosa”

Valora el tiempo que te queda y aprecia todos los regalos que la vida te ofrece, empezando por la asombrosa persona que eres tú”

“Solo cuando el dolor se vuelve insoportable encontramos el valor para introducir cambios en nuestra vida”

“Lo más importante que he aprendido en la vida, lo más importante sin ninguna duda, es que la compasión empieza por uno mismo

“Somos demasiado duros con nosotros mismos, injustamente”

“Lo único que alimenta realmente el dolor que sentimos cada uno de nosotros es el deseo de que los demás nos quieran, nos acepten y nos comprendan. De modo que la compasión es la única salida, la compasión y la paciencia”

“La única manera de experimentar el amor es aceptar a las personas tal y como son, sin depositar en ellas ninguna expectativa”

“Cada vez que he saltado al vacío, las cosas no han salido como imaginaba sino que, a la larga, siempre han sido mejor”

“Curiosamente una de las cosas más difíciles para muchas personas, y también para mí, es aprender a recibir, aceptar que te lo mereces y permitir que fluya la bondad”

Estamos mucho más interconectados de lo que creemos, y nuestro papel en las vidas de los demás es también más importante de lo que pensamos. 

Es imprescindible aprender a recibir si de verdad quieres abrirte a la posibilidad de que tus sueños se hagan realidad. Como sabe cualquier persona de naturaleza generosa, dar es una gran fuente de placer. Pero si das pero no te permites a ti mismo recibir también, no solo estás bloqueando el fluir natural de las cosas hacia ti y produciendo así un desequilibrio, sino que impides que la otra persona sienta el placer de darte a ti. Así que permíteles también a los demás que te den. Lo único que hace que una persona sea incapaz de recibir es el orgullo o la falta de autoestima, pero todos y cada uno de nosotros nos merecemos esa bondad”

Llevar cuentas de lo que uno da no es verdaderamente dar, como tampoco lo es recordárselo después a los demás con rabia, ni tampoco lo es, en su sentido más puro, esperar que el bien que has hecho vuelva a ti de alguna manera. Hay que dar con la única intención de dar, ya sea amor, bondad, o cualquier otro acto; de ahí es de donde surge el verdadero placer. Y sí, quienes dan con esa intención reciben una recompensa, aunque no siempre es inmediata ni tiene por qué tomar la forma que tú imaginas”

“A medida que nuestras vidas mejoran, y trabajamos para evitar sentir remordimiento, también mejoran de forma natural las vidas de quienes nos rodean”

Sé quién eres, busca el equilibrio, habla con franqueza, valora a quienes te quieren y date permiso para ser feliz. Si lo haces, no solo estarás mostrando respeto por ti mismo, sino también por todos los que cayeron en la desesperación durante sus semanas finales por no haber tenido el valor de hacerlo antes. Tú eliges. Es tu vida”